La jaula neoliberal

La Habana, 16 abr (PL) Al contrario  del  liberalismo,  el  neoliberalismo defiende  la  supremacía  del  mercado y la  reducción  del  Estado  a mero  gestor  de  intereses corporativos  privados.
La democracia,  entendida como participación popular, es un estorbo para el neoliberalismo. Como cierto general brasileño, no soporta «el olor del pueblo».
Ya en 1975, los autores del Informe Rockefeller, que enunció las bases de la Comisión Trilateral (Estados  Unidos, Europa y Japón), se quejaban  del «exceso  de  democracia»  y admitían, sin ningún pudor, que solo funcionaría con cierto grado  de apatía por parte de la población y el desinterés de individuos y grupos.
Max Weber nos había advertido sobre la tiranía del mercado,  que  instaura en  nuestras  vidas » desde la subjetividad más íntima hasta la actividad política «o» de la «jaula de hierro»  de la que no resulta fácil librarse.
El mercado se apropia de todo. Y le transfiere la culpa de sus males a la responsabilidad del Estado.
En la década de 1960, el hambre, la devastación ambiental, la corrupción, el desempleo, y otros, se calificaban de (d)efectos del capitalismo.
Hoy se atribuyen a la ineptitud del Estado. Él es el gran villano, responsable de todos los malestares sociales y económicos. De ahí el apresuramiento para aprobar la reforma laboral, propuesta  por Temer, para hacer retroceder  los derechos laborales duramente conquistados, anular el papel del Estado como árbitro de las cuestiones sociales y restringir los derechos  de los trabajadores  a las parcas concesiones patronales formalizadas en acuerdos privados.
El neoliberalismo es la nueva razón del mundo. Promueve el  desmontaje  de  la  democratización, en la misma medida en que favorece la formación de  monopolios y oligopolios.
Desde los bancos hasta los medios de comunicación. La pirámide social y cultural se estrecha cada vez más.
En el neoliberalismo impera la teología de  la culpa. En teoría, el Dios Mercado les ofrece a todos iguales oportunidades. Si en la práctica reina una desigualdad brutal, la culpa es de quienes no han sabido evitar el propio fracaso…
El neoliberalismo promueve el desmontaje de la democratización y favorece la formación de monopolios y oligopolios. Es una plaga que solo puede combatirse con un antídoto: el neosocialismo o el ecosocialismo.
Pregúntele a un ciudadano corriente qué es el neoliberalismo. Es probable que  no le sepa  responder. Pregúntele entonces qué cree de la vida, del país, del mundo. Sin duda expresará esa ideología del éxito individual y de  la supremacía de unos sobre otros, que legitima todo tipo de prejuicios y discriminaciones.
Dos áreas en las  que el  neoliberalismo  invierte sin tasa son la educación y la cultura. Los libros didácticos se someten a la lupa censora de lo que hoy se denomina Escuela Sin Partido.
La cultura se reduce  a mero entretenimiento.  Los  medios  masivos  exaltan  el  mercado y execran al  Estado. Si este favorece a la mayoría de la población, es populismo.
La finalidad del Estado es facilitar el crecimiento de las grandes empresas  y la elevación de los índices de la Bolsa de Valores, engordar a las corporaciones financieras y garantizar la seguridad del juego mercantil ante el descontento y, quizás, la revuelta de  los excluidos de  sus beneficios (huelgas, manifestaciones, etc.).
El neoliberalismo es una plaga que solo se puede combatir con un antídoto: el neosocialismo o ecosocialismo. (Publicado en Semanario Orbe).
Tomado del portal Firmas Selectas de Prensa Latina. www.firmas.prensa-latina.cu. Usted puede encontrar en ese sitio más artículos de este y otros destacados intelectuales sobre un variado abanico de temas.

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